lunes, 12 de noviembre de 2018

El día que el océano te mire a los ojos



¿Qué pasa con la vida cuando ya no hay instantes a los que aferrarse? ¿Por qué cuando La Muerte avisa de que va a venir de visita es cuando comenzamos a vivir de verdad, vivir como si fuese el último instante?

Conocer a Narel y Sam era lo último que Aurora hubiera esperado tras enterarse de que su novio le era infiel, tras descubrir que apenas le quedaban tres meses de vida… Como si el destino le tuviera preparado un último regalo. Pintar frente al mar, nadar junto a las ballenas y descubrir formas de hacer el mundo un lugar mejor. La vida de Aurora llega a su fin y sin embargo, parece que acaba de empezar…

Si tuviese que definir en una palabra esta novela sería: “desorden”. Creo que para escribir un libro hay que tener muy claro lo que quieres contar y en este caso, me ha dado la sensación de que la autora tenía mil ideas que ha acabado metiendo en un batidor, sin fijarse en si los componentes podrían combinar o no. De ahí, que encontremos algún que otro sin sentido, varias tramas forzadas añadidas con calzador, otras tantas sin acabar, un final de lo más incrédulo y la sensación permanente de que todo acaba pasando tan rápido que apenas da tiempo a degustar las mejores partes.

Un romance superficial, lleno de prisas que apenas consigue profundizar en sentimientos. Creo que los diálogos son una de las principales causas de que ocurra esto, ya que no son nada fluidos, ni naturales y al final, eso le resta realidad a una historia que de por sí, ya no estaba resultando muy creíble. Y todo esto es gracias a su protagonista principal, Aurora, y su forma de afrontar cada hecho. Por el contrario, creo que esta historia se salva por la fuerza del personaje de la pequeña Sam y las enseñanzas de su padre Narel.

A pesar de que el libro pertenece a la trilogía “El día que…” esta parte se puede leer de manera totalmente independiente. Tenía muchas ganas de saber sobre Flor y Jake los protagonistas de “El día que sueñes con flores salvajes”, de normal, en este tipo de historias, que tienen en común a personajes del libro anterior, adoro las partes de los reencuentros, sin embargo, esta vez y por primera vez, he de confesar que la escena ha sido tan surrealista y tan sobreactuada que ha sido toda una decepción. Creo que en alguna que otra parte más, pero sobre todo en esta, la autora hubiera necesitado que alguien le guiara y aconsejara. No hablo de cambiar, pero sí de mejorar. Al igual, que no hubiera estado mal alguna que otra corrección de estilo.

Ya me pasó con la anterior novela y es algo que quiero volver a destacar; la increíble ambientación que la autora desarrolla a lo largo de las páginas, ya que incluso he llegado a oler la brisa del mar mientras leía y eso, que vivo muy lejos de las olas. Esta vez, la autora nos propone un viaje a Capitola, un pueblecito costero de la bahía de Monterrey y alguna que otra escapada a San Francisco, todo contado con unas descripciones que hacen que quieras coger las maletas y despegar de inmediato.

“El día que el océano te mire a los ojos” para mi ha sido un grito de socorro; una llamada de la madre naturaleza, una reflexión que no te dejará indiferente. De la mano de Narel conoceremos más de cerca el mundo marino; la majestuosidad de su fauna y también, su desgarradora realidad. Apenas somos conscientes de como nuestra vida diaria puede contaminar TANTO el mar… Como un envase puede asfixiar, puede matar, puede no degradarse jamás. Un mundo conquistado por el plástico y una batalla que está en nuestras manos ganar.

Sobra decir que Narel, Sam y su modo de vida han sido de mis cosas favoritas de esta novela. Nunca había leído nada sobre el minimalismo y he de decir que he quedado fascinada. Vivir con lo justo y necesario. Resulta tan fácil si nos paramos a pensarlo, que ahora, mirando a mi alrededor me doy cuanta de todas las cosas de las que podría deshacerme, todas las chorradas que no me haría falta comprar por simplemente tener y todo el espacio que tendría libre si no guardara “por si acaso…”

En conclusión, puede que “El día que el océano te mire a los ojos” no tenga la mejor historia de amor, no sea el libro mejor escrito, pero sin duda tiene varios mensajes para la humanidad que, si todos pusiéramos en práctica, el mundo sería un lugar MUCHO mejor y que gracias a personas como Paola Calasanz ya empieza a serlo.


¡MUCHAS GRACIAS A LA EDITORIAL POR EL EJEMPLAR!

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