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lunes, 10 de diciembre de 2018

Reseña: La leyenda del hechicero - El mago



Atrapados en el éter, Fletcher y sus amigos tendrán que buscar una salida si quieren salvar a su pueblo del ejército de Khan, el orco albino. Mientras tanto, en Hominum, las diferencias entre razas están ocasionando más de un desencuentro entre elfos, enanos y humanos. ¿Se aliarán entre ellos para vencer al verdadero mal o acabarán destruyéndose los unos a los otros antes de la invasión de los orcos?

Se puede decir que “El mago” se divide en tres partes. La primera y la más aburrida, bajo mi punto de vista, es la que se desarrolla en el éter. Allí, rodeados de demonios salvajes, tendrán que sobrevivir con los mínimos recursos, mientras encuentran una forma de regresar. En segundo lugar, tenemos la parte en la que el triunvirato domina toda la civilización y la raza de los enanos decide hacerse valer. Para mí, sin duda, la parte más emocionante. Y en cuanto a la parte final, nos adentramos en un viaje de regreso a las tierras de Fletcher, donde nuestro protagonista, decidirá reconstruir su verdadero hogar.

El principal problema de esta última entrega es que Taran Matharu ha tenido una muy buena idea, pero no ha sabido ejecutarla. En “El guerrero”, la segunda parte, el ritmo era tan frenético que ni siquiera daba tiempo para apartar la mirada de las páginas, en ésta, sin embargo, el autor vuelve a recaer en detalles que solo sirven para rellenar, pero no, para aportar nada relevante a la trama. Pero lo que más me ha fastidiado es que cada vez que Taran Matharu llegaba a una parte interesante, de pronto, parecían entrarle las prisas y lo solucionaba todo de la forma más simple.

Por otro lado, llevamos desde el inicio de la trilogía esperando la guerra y el único regalo por su parte ha sido un par de batallas que siguen el mismo patrón y hace que resulten de lo más repetitivas. Y una batalla final, que lejos queda de la palabra épica. Para mi gusto, el autor no ha arriesgado en ningún momento y eso ha dado como resultado un libro carente de emociones.

Además, me parece injusto que se me venda una historia de amor desde el inicio de la trilogía y que en esta parte quede totalmente olvidada. Como también pasa con la historia de la madre de Fletcher que apenas ha sido explotada y luego a luego, casi ni ha sido mencionada. Esto SÍ eran tramas importantes y NO el relleno de cómo se ahúma la carne. ¿Un capítulo explicito solo para eso? ¿ENSERIO?

Pero bueno, por lo que se, el autor ha aumentado este universo lleno de magia y demonios con varios libros, desarrollados antes y después de lo que sucede en esta trilogía y protagonizados por varios de los personajes secundarios. Tal vez, todos los cabos sueltos que he nombrado anteriormente tengan sus respuestas en estos nuevos tomos que espero que la editorial Planeta acabe publicando en España.

Ha decir verdad, no todo ha sido malo… Taran Matharu desde el primer libro: “El aprendiz” ha consolidado a un grupo de personajes increíbles y reencontrarme con ellos, ha sido algo de lo más especial. La amistad entre Fletcher, Othello y Sylva es algo por lo que vale realmente leer esta trilogía, pero como no, mi mención especial, sigue siendo para Ignatius, la ahora ya no tan “pequeña” salamandra, que de nuevo se ha ganado mi corazón y es que el vínculo que tienen nuestros protagonistas con sus demonios sigue siendo una de las mejores partes de la novela. Y luego están personajes como: Arcturus, Lovett, Cress, Berdón… entre muchos otros que han sabido llenar esta historia de risas, sabiduría y momentos de lo más entrañables.

Antes, he comentado que las batallas han dejado a mi parecer mucho que desear, pero eso no implica que no las haya sufrido porque hay muertes y muchas de ellas, me han atravesado el corazón, quizás, como alguna que otra falta de ortografía que la editorial podría haber corregido con una simple corrección básica porque para que yo me dé cuenta de que un libro contiene muchas faltas ya tiene que ser fuerte la cosa.

En conclusión, Taran Matharu pone fin a esta trilogía de la manera más simple posible. Con un final carente de emociones, de sentimientos… y con un regusto agridulce que podría haber mejorado si hubiera cocinado mejor su idea porque sin duda, tenía unos ingredientes de primera.


¡MUCHAS GRACIAS A LA EDITORIAL POR EL EJEMPLAR!

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